Resulta interesante ver como cada cierre de año nos realizamos una especie de cuestionario, una auditoría o balance general de cierre, buscando dar respuesta a las preguntas existenciales propias de la llegada del fin de año. Nos cuestionamos sobre aquella meta de salud que con tantos bríos iniciamos en el mes de enero y cuya sostenibilidad perimió poco antes de la llegada del primer trimestre del año. Encontramos todas las excusas que nos sirven de defensa contundente ante el señalamiento de nuestra familia y amigos para justificar aquella meta frustrada que dejamos de lado en el uso de aquellos 365 dias. Dado que el escrutinio se extiende hasta las cenas celebradas entre ponche, puerco asao y pasteles en hoja, tendemos a cerrar el ataque generando una promesa para el “nuevo año”.
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